Fue un sueño, no hay otra forma de explicarlo, el que ayer yo llegara a aquel frío lugar que no poseía significancia alguna en mi vida, que me pensé solo lograría que mi vida se hiciera más vacía, pero no fue así. En aquel sueño nada parecía importar, una vida tranquila, un novio estable, una familia orgullosa y un porvenir saludable, todo lo que podía esperarse se estaba cumpliendo, todos aquellos patrones estaban siendo seguidos.
Creí que podía seguir así que aquella parte de mi vida se había terminado al fin, pero quien me iba a prevenir que de alguna manera llegarías a mi.
Aún recuerdo aquel día donde muerta de miedo tuve que alzar las voz, la única cosa que parecía relevante en ese momento era mi procedencia, aquel liceo que tantas penas y alegrías me dio, por supuesto no esperaba encontrarme a nadie de aquel lugar, tanto mejor para mi, pero entonces apareciste tu, con tu voz me diste algo de esperanza para no sentirme tan sola, esas palabras me ayudaron a saber que existía la mínima posibilidad de crear un lazo con alguien, algo que me costaba mucho hacer, pero no tuve valor, no te hable.
Así transcurrió el día, hasta que sin pensarlo te volví a ver, intente llamar tu atención, ya que se me concedió la oportunidad de hacerlo, pero nada, no conseguí nada...
En otra clase, me sentí contenta de saber que otra vez te tenía conmigo, pero no sabía como acercarme, hasta que algo conspiro a mi favor y tuve la fortuna de trabajar a tu lado, ese día fue el mejor, por fin podía hablar con alguien de manera libre, aunque sentía que te invadía con mis cosas, sentía que no te importaba lo que pudiera decirte, pues era una conversación banal en un camino a un banco, esperando que otras hicieran el tramite que nosotras no haríamos.
Tuve miedo, tengo que admitirlo, miedo de volverá a entregar todo y no ser comprendida, miedo de no saber que hacer si llegaba el momento de tu partida, miedo de las traiciones, de no acertar en la persona que estaba viendo delante, pero a pesar de todo me decidí y te conté algo que era aparentemente banal para mi, tu manera de aceptarlo, tu manera de confiarme algo similar de vuelta, me encantaron, tus ojos hablándome con tanta sinceridad y tanta tranquilidad, inundaron mi alma y consiguieron calmarla.
Creí que podía seguir así que aquella parte de mi vida se había terminado al fin, pero quien me iba a prevenir que de alguna manera llegarías a mi.
Aún recuerdo aquel día donde muerta de miedo tuve que alzar las voz, la única cosa que parecía relevante en ese momento era mi procedencia, aquel liceo que tantas penas y alegrías me dio, por supuesto no esperaba encontrarme a nadie de aquel lugar, tanto mejor para mi, pero entonces apareciste tu, con tu voz me diste algo de esperanza para no sentirme tan sola, esas palabras me ayudaron a saber que existía la mínima posibilidad de crear un lazo con alguien, algo que me costaba mucho hacer, pero no tuve valor, no te hable.
Así transcurrió el día, hasta que sin pensarlo te volví a ver, intente llamar tu atención, ya que se me concedió la oportunidad de hacerlo, pero nada, no conseguí nada...
En otra clase, me sentí contenta de saber que otra vez te tenía conmigo, pero no sabía como acercarme, hasta que algo conspiro a mi favor y tuve la fortuna de trabajar a tu lado, ese día fue el mejor, por fin podía hablar con alguien de manera libre, aunque sentía que te invadía con mis cosas, sentía que no te importaba lo que pudiera decirte, pues era una conversación banal en un camino a un banco, esperando que otras hicieran el tramite que nosotras no haríamos.
Tuve miedo, tengo que admitirlo, miedo de volverá a entregar todo y no ser comprendida, miedo de no saber que hacer si llegaba el momento de tu partida, miedo de las traiciones, de no acertar en la persona que estaba viendo delante, pero a pesar de todo me decidí y te conté algo que era aparentemente banal para mi, tu manera de aceptarlo, tu manera de confiarme algo similar de vuelta, me encantaron, tus ojos hablándome con tanta sinceridad y tanta tranquilidad, inundaron mi alma y consiguieron calmarla.