martes, 9 de noviembre de 2010

Nostalgia.

Esta noche no tengo nada más que hacer...Mis opciones son pensar, soñar y leer.
No pretendo tomar ninguna, pues esta noche se la lleva la nostalgia, que si bien es una forma de pensar, se centra en las diversas formas de recordar.
Nostalgia, amor de mis amores, me aferro a ti con la ingenua esperanza de creer que en algún momento fui más feliz que ahora y que ese momento podre recrear en algún momento de mi tempestuosa vida o de mi impasible muerte.
Nostalgia, como me gustaría que me envolvieras en tus arrullos esta noches y me contaras esas historias de vidas pasadas donde la gente me cuidaba, me protegía, me quería...
Tan cruda es la realidad que me sumo en esta nebulosa de recuerdos para hacer más amables los tragos amargos que me tomo cada día, para pasar más fácil las decepciones que no soy capaz de mirar a la cara.

No puedo, me atacan, me destruyen se llevan los recuerdos, las ilusiones, los sueños mostrándome esta horrible realidad que construí, pensando que la vida es un juego donde solo yo puedo ganar y todos los demás perder.

Y ¿Qué hago ahora?, ¿Qué hago con la decepción de mi misma?, ¿Qué hago si destruí las esperanzas de otros?, pues me queda esperar aferrada a los buenos momentos a aquellos juegos de niña que aun me hacían creer en un mundo de princesas, donde las mujeres eran felices, donde un bebe era alegría y sobretodo un futuro lejano.

Nostalgia de noches en las que mi madre me acunaba, nostalgia de noches donde yo era el bebé, nostalgia de noches donde todos me protegían y yo no necesitaba del amor de un hombre que no fuera mi padre.

Nostalgia de ser una niña para nunca convertirme en una mujer.

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